Cuando el estudio se volvió canción

Una de las ventajas silenciosas que tuvo Eslabón fue que todos éramos músicos estudiados. No en el sentido pretencioso de la palabra, sino en el más profundo: sabíamos escuchar, sabíamos construir, sabíamos sostener una idea musical más allá del impulso. La armonía no era solo intuición, era lenguaje compartido. El ritmo no era solo energía, era arquitectura.

Estudiar música nos dio herramientas, sí, pero también nos dio paciencia. Supimos ensayar sin desesperar, afinar sin discutir, componer sin repetir fórmulas. En cada disco hay decisiones conscientes: modulaciones, texturas, silencios que no son casuales. Aunque el público no siempre lo nota, nosotros sí lo sabíamos. Lo sabíamos en cada arreglo, en cada transición, en cada acorde que elegimos no por moda, sino por necesidad expresiva.

Pero lo más valioso fue que el estudio nos permitió respetarnos. Porque cuando entiendes el oficio del otro, lo valoras. Eslabón fue eso: una banda donde cada integrante sabía que el otro tenía algo que decir, algo que aportar, algo que sostener.

No fuimos famosos. No fuimos rentables. Pero fuimos músicos. Y eso, en este país, ya es una forma de resistencia.

Publicado por Carlos Franco-Galván

Músico y Doctor en Ciencia e Ingeniería (Computación). Se desempeña como profesor-investigador en la BUAP, Ibero, Anáhuac Puebla y UDLAP y como bajista/cantante en sus proyectos musicales o acompañando músicos diversos.

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