Carlos Franco y su lado no lineal

En Eslabón siempre hablamos de música, de amistad, de dinero —o de la falta de él—, pero casi nunca hablamos de nosotros mismos. No por misterio, sino por pudor. Porque a veces es más fácil contar cómo nació una canción que decir quién la estaba cantando.

Pero hoy toca hablar de Carlos Franco.

Carlos fue, desde el principio, el que afinaba cosas que no se ven. Mientras Chucho afinaba armonías, Marco afinaba melodías y Víctor afinaba silencios, Carlos afinaba algo más: el sentido. Era el que pedía cuándo una canción debería estar lista, no porque sonara perfecta, sino porque decía la verdad. Llegaba un momento donde si no se ponía un punto final, probablemente no se hubiera completado un álbum.

Lo que pocos sabían —y quizá algunos intuían— es que Carlos siempre estuvo dividido entre dos formas de estar en el mundo. Una que cumplía, organizaba, resolvía y otra que aparecía cuando la música lo permitía: más libre, más luminosa, más honesta. Una identidad que no pedía permiso, que no necesitaba explicación, que simplemente era.

Esa dualidad no fue un problema para la banda. Al contrario: fue parte del sonido. Porque cada vez que Carlos escribía una letra, o proponía un arreglo, o simplemente cerraba los ojos mientras tocábamos, aparecía esa otra voz. Una voz más suave, más valiente, más verdadera. Una voz que no siempre coincidía con su exterior, pero sí con su esencia.

Hoy, al mirar hacia atrás, entendemos que Eslabón también fue eso: un espacio donde Carlos podía ser completo. Donde no tenía que elegir entre una versión y otra. Donde la música hacía de puente, de refugio, de espejo.

Y aunque esta entrada no pretende revelar nada que no se haya dicho ya con sus canciones o en otras entradas, sí quiere dejar constancia de algo: que el espíritu, como la música, no se explica. Se escucha. Se siente. Se reconoce.

Esta es la primera entrada que el autor se refiere a sí mismo en tercera persona, sin embargo era importante mencionar que Eslabón fue vehículo para expresar esa parte que no tiene que ver con una idea lineal y organizada. Al contrario la música también es desahogo y sueño.

Publicado por Carlos Franco-Galván

Músico y Doctor en Ciencia e Ingeniería (Computación). Se desempeña como profesor-investigador en la BUAP, Ibero, Anáhuac Puebla y UDLAP y como bajista/cantante en sus proyectos musicales o acompañando músicos diversos.

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